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El arcano escondido (IV)


Podríamos situar esta escena en la década del ’40 o ’50. Europa, tal vez? No importa dónde ni cuándo, la escena podría repetirse en cualquier parte y podría reflejarse en distintos aspectos de nuestra vida. En la foto dos ancianos cruzan una calle cualquiera. En las actitudes y atmósfera de la escena se cuenta una historia ¿Cuál es el arcano escondido?

En esta oportunidad veo varios y muy fuertes. La escena en general hace alusión al Amor, un amor que trasciende toda comprensión, el Amor que no tiene que ver con la atracción física sino con la compasion, la empatía, el compañerismo y la lealtad. Acción amorosa manifiesta, el Amor contante y sonante.

Es por eso que veo en esa mujer fuerte y decidida a La Emperatriz, porque toma el control y conduce, se brinda y se convierte en el sostén de su compañero. Parece recaer sobre ella todo el peso de los malos tiempos, pero aún así sonríe.

En cambio, la mirada del hombre (cuya limitación física no puede ser otra cosa que El Diablo), fija en el suelo nos habla de resignacion y tristeza: está atrapado en una situación que es indeseable para él, pero vemos que su actitud es la de entregarse, se deja llevar, no se opone, no genera resistencia.; y entonces El Diablo se vuelve El Carro, que avanza pese a todo porque su voluntad no se rinde. 

La escena no puede estar completa sin La Fuerza, ambos desde su situación ponen de sí, cada uno a su manera, para no caer en la desesperación. La fuerza de voluntad de ambos y la fuerza física de ella pese a la edad. Es una pareja fuerte que ha podido hacerle frente a los embates de la vida y permanecer unida. Por último y como cierre, veo La Templanza reflejando adaptabilidad, armonía y unión de propósitos. Como dije al principio, el Amor está presente en toda la escena.


¿Cuál es el arcano que ves escondido?

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Palabra es poder

“Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”. --Diógenes de Sìnope
Conocemos bien los refranes “Tenemos dos ojos y una boca para escuchar más y hablar menos”, “A buen entendedor pocas palabras bastan”, “Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Estas frases nos recuerdan el valor de la prudencia, de saber callar, empequeñeciendo de alguna manera el valor de la palabra. Pienso que es cuando se valora la palabra en toda su ley, cuando se aprecian mucho más los silencios.
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