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Si buscas un ideal, construyelo




Las cartas de oros potencian una necesidad de materializar los proyectos, aunque el Dos de Oros todavía parece indeciso en cuanto al mejor rumbo. Todo depende – dice él – de para qué lado sople el viento. Pero esto no implica que no sepa lo que quiere, simplemente no determina aún a qué darle prioridad y espera que algo, posiblemente exterior a él, lo ayude a inclinar la balanza. Mientras tanto, avanza como puede en distintas direcciones, es decir que nutre con su energía lo que no quiere que se pierda. Se mantiene activo, sí, ¿pero productivo? Probablemente por eso llega el Rey de Bastos e intenta poner algo de orden, (¿Para qué sino, existirían los reyes?) Este rey nos recuerda que aunque pongamos la misma energía en distintos proyectos, inevitablemente uno nos “tira” más que otro. Tratar de reconocer qué nos seduce más a la hora de llevar a cabo un proyecto es lo que nos lleva en definitiva, en la dirección correcta. Entonces, el rey se presenta como una motivación, un impulso, la determinación personal (no exterior) que transforma el velero del dos de oros en un barco a vapor. 

Vemos a la hermosa Reina de Oros como la atmósfera en la que todo se desarrolla, potencia su propia energía creativa y materializa sencillamente con “pulgares verdes”, como dice Jean Shinoda Bolen. Ella pone manos a la obra y trabaja en su jardín. Quien quiera un jardín - nos recuerda esta reina - que plante sus propias rosas, que se ensucie con la tierra y riegue con su propio sudor y que lo haga, además, con suma paciencia. Este es el proceso ineludible para ver el resultado posterior consumado. El jardín es consecuencia de un acto de amor, es decir, de un compromiso con nuestros objetivos.
  El jardín es nuestra abundancia.

La tirada entonces nos cuenta que la indecisión del dos de oros sí nos mantiene en actividad, pero para que esta actividad sea realmente productiva se necesita ir en la dirección de lo que nos entusiasma, lo que nos motiva a superarnos. No existen formas correctas o incorrectas de hacer las cosas, pues en cada camino hay siempre un aprendizaje, existen simplemente formas que retrasan o que colaboran en la concreción de un objetivo. Entonces, la sugerencia es que no demos más vueltas y hagamos lo que nos gusta, pues los ideales, al igual que los caminos, sólo nos llevan a alguna parte mientras los hacemos. Las claves aquí son potenciar nuestra creatividad, ser proactivos, confiar en el propio instinto y entregarse a la tarea que nos da más placer para llegar a nuestro espacio de abundancia.

 

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